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EXPOSICIÓN TEMPORAL

De junio a septiembre se exhiben más de 30 obras de Robert Janitz en los tres niveles del museo y los exteriores del conjunto arquitectónico. Se incluyen pinturas, esculturas de gran formato y un NFT. Varias piezas fueron hechas específicamente para esta exposición, como es el caso de Abejas del futuro y las cuatro esculturas talladas en basalto y cantera provenientes del Estado de México y Michoacán.

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Robert Janitz en el Anahuacalli

 Al igual que Diego Rivera, Robert Janitz nació entre montañas. Diego pasó su infancia en Guanajuato, que en purépecha significa “cerro de ranas”. Robert creció en Alsfeld, en Alemania central, muy cerca de la gran franja basáltica de Vogelsberg, cuya traducción es “monte de pájaros”. Robert y Diego comparten una forma rocosa de pensar y un vocabulario propio de esos niños que se divirtieron juntando piedras. Parecería que ambos poseen un mismo ADN geológico, un origen mineral.

Janitz crea repeticiones obsesivas de los mismos sujetos: volcanes y bacilos que se entrelazan. Más que un ejercicio estético, Robert produce una experiencia casi metafísica y espiritual, similar a lo que sucede cuando se susurra un mantra. Con cada versión el artista dispersa partículas a lo largo del Multiverso, elementos que se comunican entre sí con señales de humo que van dejando rastro y se materializan en esta dimensión.

A decir de Diego, los cuadros del pintor José María Velasco nunca fueron representaciones fieles de la realidad, sino ejercicios ópticos y matemáticos que construyeron un paisaje que no existía como tal. Janitz pinta esculturas bidimensionales no figurativas que juegan con una intención similar: funcionan como puntos de acceso para decodificar sistemas subterráneos secretos y desenvolver las subcapas de su obra. ¿Representan fumarolas o lampreas paleozoicas? ¿No podrían ser, acaso, los gusanos de Dune? Pueden ser las entrañas del volcán siendo expulsadas, nuestras vísceras oprimidas tratando de desenroscarse o nuestros cerebros hechos una madeja. A veces Robert pinta un caos sólido donde no hay vacío. Otras, deja espacio para que el desorden se disperse vaporosamente. Las formas nos pueden remitir a la locura de Medusa o a los cabellos de la guerrera Cihuateteo, considerados amuletos de protección en las batallas.

Podrían también ser serpientes, animales rastreros asociados a la renovación. Diego las “pintó” con piedra en los techos del Anahuacalli. Simbolizan ciclos eternos, uróboros que mastican su propia cola, y guías en nuestro recorrido por este laberinto. Remiten a Gucumatz -la serpiente de plumas verdes- del mito quiché y creador de la Tierra en el libro del Popol Vuh.

Las estructuras tubulares, entre jeroglíficos y forma, también nos recuerdan a las constricciones de la lava queriendo emerger, a células antes de la bipartición, a nervios y ríos que no se han formado: es el momento antes de la destrucción. Las diferentes versiones de los dos cuerpos de trabajo de Janitz -Cabezas volcán y Pinturas abstractas- nos confrontan con la ferocidad e intensidad con la que Robert pinta, mientras que muestran la cautelosa deliberación para detenerse en el momento correcto.

Robert Janitz nos ofrece un encuentro clandestino entre los túneles magmáticos intangibles del Anahuacalli. Sus obras funcionan como metáforas de conexión, vasos comunicantes que se tejen entre nosotros -o Robert- y otros “espacios-tiempos”, donde la lava se presurizó violentamente para formar los conos truncados que nos rodean: el Xitle, el Iztaccíhuatl y el Popocatépetl.

Robert Janitz
Luz en el tiempo, 2022
Luz en el tiempo, 2022
Sweet sweet lemon Pink, 2022
Sweet sweet lemon Pink, 2022
El inspector de la salsa, 2022
El inspector de la salsa, 2022
Junto al río Tacubaya, 2022
Junto al río Tacubaya, 2022
Las pozas (I, II, III y IV), 2022. Al fondo: El bosque de las paradojas, 2021 y Pink Martini, 2021.
Las pozas (I, II, III y IV), 2022. Al fondo: El bosque de las paradojas, 2021 y Pink Martini, 2021.
El bosque de las paradojas, 2021 y Pink Martini, 2021
El bosque de las paradojas, 2021 y Pink Martini, 2021
El Alfil, 2022 y Volcanoe head landscape, 2022
El Alfil, 2022 y Volcanoe head landscape, 2022
El sonámbulo, 2022
El sonámbulo, 2022
Un instante en miami 2, 2022
Un instante en miami 2, 2022
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De junio a septiembre se exhiben más de 30 obras de Robert Janitz en los tres niveles del museo y los exteriores del conjunto arquitectónico. Se incluyen pinturas, esculturas de gran formato y un NFT. Varias piezas fueron hechas específicamente para esta exposición, como es el caso de Abejas del futuro y las cuatro esculturas talladas en basalto y cantera provenientes del Estado de México y Michoacán.


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Robert Janitz en el Anahuacalli

Al igual que Diego Rivera, Robert Janitz nació entre montañas. Diego pasó su infancia en Guanajuato, que en purépecha significa “cerro de ranas”. Robert creció en Alsfeld, en Alemania central, muy cerca de la gran franja basáltica de Vogelsberg, cuya traducción es “monte de pájaros”. Robert y Diego comparten una forma rocosa de pensar y un vocabulario propio de esos niños que se divirtieron juntando piedras. Parecería que ambos poseen un mismo ADN geológico, un origen mineral.

Janitz crea repeticiones obsesivas de los mismos sujetos: volcanes y bacilos que se entrelazan. Más que un ejercicio estético, Robert produce una experiencia casi metafísica y espiritual, similar a lo que sucede cuando se susurra un mantra. Con cada versión el artista dispersa partículas a lo largo del Multiverso, elementos que se comunican entre sí con señales de humo que van dejando rastro y se materializan en esta dimensión.

A decir de Diego, los cuadros del pintor José María Velasco nunca fueron representaciones fieles de la realidad, sino ejercicios ópticos y matemáticos que construyeron un paisaje que no existía como tal. Janitz pinta esculturas bidimensionales no figurativas que juegan con una intención similar: funcionan como puntos de acceso para decodificar sistemas subterráneos secretos y desenvolver las subcapas de su obra. ¿Representan fumarolas o lampreas paleozoicas? ¿No podrían ser, acaso, los gusanos de Dune? Pueden ser las entrañas del volcán siendo expulsadas, nuestras vísceras oprimidas tratando de desenroscarse o nuestros cerebros hechos una madeja. A veces Robert pinta un caos sólido donde no hay vacío. Otras, deja espacio para que el desorden se disperse vaporosamente. Las formas nos pueden remitir a la locura de Medusa o a los cabellos de la guerrera Cihuateteo, considerados amuletos de protección en las batallas.

Podrían también ser serpientes, animales rastreros asociados a la renovación. Diego las “pintó” con piedra en los techos del Anahuacalli. Simbolizan ciclos eternos, uróboros que mastican su propia cola, y guías en nuestro recorrido por este laberinto. Remiten a Gucumatz -la serpiente de plumas verdes- del mito quiché y creador de la Tierra en el libro del Popol Vuh.

Las estructuras tubulares, entre jeroglíficos y forma, también nos recuerdan a las constricciones de la lava queriendo emerger, a células antes de la bipartición, a nervios y ríos que no se han formado: es el momento antes de la destrucción. Las diferentes versiones de los dos cuerpos de trabajo de Janitz -Cabezas volcán y Pinturas abstractas- nos confrontan con la ferocidad e intensidad con la que Robert pinta, mientras que muestran la cautelosa deliberación para detenerse en el momento correcto.

Robert Janitz nos ofrece un encuentro clandestino entre los túneles magmáticos intangibles del Anahuacalli. Sus obras funcionan como metáforas de conexión, vasos comunicantes que se tejen entre nosotros -o Robert- y otros “espacios-tiempos”, donde la lava se presurizó violentamente para formar los conos truncados que nos rodean: el Xitle, el Iztaccíhuatl y el Popocatépetl.