ARQUITECTURA

“…cuando las bombas amenazaban nuestras vidas y hacer pintura parecía algo extravagante, Frida y yo comenzamos a construir un extraño tipo de rancho. Allí pensábamos producir nuestros propios artículos alimenticios: leche, miel y verduras, mientras nos preparábamos para construir nuestro museo… El lugar que escogimos estaba cerca de Coyoacán, precisamente encima de una capa de lava. Los cactos emergían con profusión de las grietas entre las piedras. La naturaleza había hecho el paisaje del lugar como a propósito para nuestros deseos, y decidí que nuestra casa estuviera en armonía con su trabajo”.

Diego Rivera

 

Diego Rivera viajó a San Francisco, de 1940 hasta febrero de 1941. Regresó inspirado por el desarrollo industrial norteamericano. Consciente de su edad y pensando en su legado como artista, el pintor modificó su idea de levantar un rancho en los terrenos que había adquirido y decidió que construiría un templo donde exponer su colección de arte precolombino.

Así, el proyecto se inició en 1942. Diego Rivera invitó a su amigo, el arquitecto funcionalista Juan O´Gorman, para que lo acompañara en esta aventura. Juan conocía al norteamericano Frank Lloyd Wright y estaba influenciado por sus ideas de arquitectura orgánica. El concepto se acoplaba a la perfección con el ideal de Rivera: la integración del paisaje a la construcción del Anahuacalli, conjuntando la funcionalidad con la cosmogonía prehispánica.

De 1942 a 1957 el pintor dedicó gran parte de su tiempo y dinero a la construcción del Anahuacalli. En agosto de 1955 se firmaron las escrituras relativas a la constitución de un fideicomiso para la administración del Museo. En 1957, muere Diego. Su amiga y mecenas Dolores Olmedo Patiño generosamente asumió el costo y la responsabilidad de finalizar la gran obra. Con la colaboración de Ruth Rivera -hija menor del pintor-, de Juan O’Gorman y del poeta Carlos Pellicer -quien realizó la museografía del primer piso-, el Anahuacalli abrió sus puertas al público en 1964.

“…cuando las bombas amenazaban nuestras vidas y hacer pintura parecía algo extravagante, Frida y yo comenzamos a construir un extraño tipo de rancho. Allí pensábamos producir nuestros propios artículos alimenticios: leche, miel y verduras, mientras nos preparábamos para construir nuestro museo… El lugar que escogimos estaba cerca de Coyoacán, precisamente encima de una capa de lava. Los cactos emergían con profusión de las grietas entre las piedras. La naturaleza había hecho el paisaje del lugar como a propósito para nuestros deseos, y decidí que nuestra casa estuviera en armonía con su trabajo”.

Diego Rivera

 

Diego Rivera viajó a San Francisco, de 1940 hasta febrero de 1941. Regresó inspirado por el desarrollo industrial norteamericano. Consciente de su edad y pensando en su legado como artista, el pintor modificó su idea de levantar un rancho en los terrenos que había adquirido y decidió que construiría un templo donde exponer su colección de arte precolombino.

Así, el proyecto se inició en 1942. Diego Rivera invitó a su amigo, el arquitecto funcionalista Juan O´Gorman, para que lo acompañara en esta aventura. Juan conocía al norteamericano Frank Lloyd Wright y estaba influenciado por sus ideas de arquitectura orgánica. El concepto se acoplaba a la perfección con el ideal de Rivera: la integración del paisaje a la construcción del Anahuacalli, conjuntando la funcionalidad con la cosmogonía prehispánica.

De 1942 a 1957 el pintor dedicó gran parte de su tiempo y dinero a la construcción del Anahuacalli. En agosto de 1955 se firmaron las escrituras relativas a la constitución de un fideicomiso para la administración del Museo. En 1957, muere Diego. Su amiga y mecenas Dolores Olmedo Patiño generosamente asumió el costo y la responsabilidad de finalizar la gran obra. Con la colaboración de Ruth Rivera -hija menor del pintor-, de Juan O’Gorman y del poeta Carlos Pellicer -quien realizó la museografía del primer piso-, el Anahuacalli abrió sus puertas al público en 1964.