ESPACIO ECOLÓGICO

El paisaje surgido de la erupción del Xitle, con sus formas de lava, sus túneles y planchas fragmentadas, además de la colorida vegetación de plantas con espinas o con tallos delicados, inspiró a los artistas de comienzos del siglo XX en busca de una identidad. El doctor Atl, de quien fue discípulo Diego Rivera, retrató este paisaje en innumerables ocasiones, maravillado por sus contrastes. Sin embargo, fue Diego el que encontró en este ámbito una significación ontológica profunda de la que surge, por una parte, la construcción de un templo como pieza de arte mexicano, así como una Ciudad de las Artes y, por el otro, el proyecto de conservación de este paisaje peculiar. En ese sentido, el pintor se adelantó a su tiempo al habilitar como urbanista un paisaje despreciado por considerarse agreste y al plantear como ecologista la necesidad de conservarlo.

Al correr de los años y merced al crecimiento sin control de la mancha urbana, el espacio silvestre que rodea al Anahuacalli ha ido disminuyendo. Asimismo, nuevas especies vegetales y animales se han incorporado de manera natural al hábitat original. Sin embargo, todavía es posible reconocer en algunas partes del terreno, en cuevas, oquedades y promontorios habitados por cactáceas, aquel paisaje agreste y a la vez pleno de vida, el ombligo de lava del que Rivera extrajo su metáfora estética, una naturaleza mexicana pura, el resurgimiento de los antiguos dioses.

El Museo Anahuacalli conserva este espacio ecológico para la comunidad. Los visitantes podrán recorrerlo, guiados por un especialista que explicará la fauna y la flora de este apasionante espacio biológico y mítico.

El paisaje surgido de la erupción del Xitle, con sus formas de lava, sus túneles y planchas fragmentadas, además de la colorida vegetación de plantas con espinas o con tallos delicados, inspiró a los artistas de comienzos del siglo XX en busca de una identidad. El doctor Atl, de quien fue discípulo Diego Rivera, retrató este paisaje en innumerables ocasiones, maravillado por sus contrastes. Sin embargo, fue Diego el que encontró en este ámbito una significación ontológica profunda de la que surge, por una parte, la construcción de un templo como pieza de arte mexicano, así como una Ciudad de las Artes y, por el otro, el proyecto de conservación de este paisaje peculiar. En ese sentido, el pintor se adelantó a su tiempo al habilitar como urbanista un paisaje despreciado por considerarse agreste y al plantear como ecologista la necesidad de conservarlo.

Al correr de los años y merced al crecimiento sin control de la mancha urbana, el espacio silvestre que rodea al Anahuacalli ha ido disminuyendo. Asimismo, nuevas especies vegetales y animales se han incorporado de manera natural al hábitat original. Sin embargo, todavía es posible reconocer en algunas partes del terreno, en cuevas, oquedades y promontorios habitados por cactáceas, aquel paisaje agreste y a la vez pleno de vida, el ombligo de lava del que Rivera extrajo su metáfora estética, una naturaleza mexicana pura, el resurgimiento de los antiguos dioses.

El Museo Anahuacalli conserva este espacio ecológico para la comunidad. Los visitantes podrán recorrerlo, guiados por un especialista que explicará la fauna y la flora de este apasionante espacio biológico y mítico.