Museo

Salas
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Sala 1: TLATILCO (1500 a.C. - 500 a.C.)



"Diego no es derrotista ni triste. Es fundamentalmente, investigador, constructor y sobre todo, arquitecto. Es arquitecto en su pintura, en su proceso de pensar y en el deseo apasionado de estructurar una sociedad armónica, funcional y sólida."

Frida Kahlo


Esta sala está dedicada a la cultura de Tlatilco. Estas piezas y en general, las representaciones artísticas de esta zona fueron las preferidas de Diego Rivera. Tlatilco –"oculto en la tierra", según el significado de su nombre en náhuatl– fue una de las primeras culturas preclásicas de la Cuenca de México. Se ubicó en lo que es hoy el Estado de México. Su cultura sobresale por la abundancia de objetos de barro que provienen, en su mayoría, de ricas ofrendas funerarias. Recibió influencia olmeca, lo que enriqueció el arte local con objetos fabricados en piedras semipreciosas y diversos minerales, como la jadeíta y la serpentina. Sobresale una pieza, el acróbata, que muestra ya, con gran plasticidad, el movimiento humano y el inicio de las artes.

 

Sala 2:



"La indudable monumentalidad del Anahuacalli, su sistema constructivo, su temeridad estética –que podemos equipar, con sus debidas distancias, con la de Gaudí– y otras atribuciones que hacen de él una obra única, nos pueden hacer pensar que estamos frente a un edificio sin más familia que la prehispánica. No es tan difícil que se pudiera calificar como un prurito del autor que, al ser financiado por él, hizo lo que nadie más haría.

Rafael López Rangel.


Muchas de las piezas de este altar fueron utilizadas por Diego como modelos en su obra tanto de caballete como en sus murales. En este retablo, Diego Rivera colocó los objetos tal como se hizo en Templo Mayor, donde se reunieron piezas de distintas culturas. No obstante, el pintor las puso en un orden que va de lo divino a lo terrenal. Este altar presenta obras elaboradas con distintos materiales –basalto, riolita y toba volcánica– de estilos mexica y tolteca. Se trata de bloques, almenas, fragmentos de lápidas con representaciones simbólicas, esculturas, deidades y artefactos de uso común, como molcajetes. Los mexicas no anulaban las imágenes de las deidades de los pueblos que les rendían tributo, sino que las incorporaban a los altares de su templo principal, aunque a un nivel inferior a las propias.

 

Sala 3:



"La escultura mexicana antigua es la manifestación más significativa del arte de los pueblos primitivos de México. Su atrevimiento y su vigor plástico, producto de un sentimiento original y consciente de las formas, la coloca al lado de los tesoros escultóricos que nos ha dejado China, Egipto y la Grecia arcaica."

Antonio Castro Leal.


Esta sala representa la era de tierra. Aquí se encuentra la diosa Chicomecóatl, una de las deidades del maíz. Esta divinidad asume distintas representaciones. Tenía tanto características femeninas como masculinas; existían Cintéotl o dios del maíz tierno, Xilonen "mazorca de maíz" o "matriz de maíz" y Chicomecóatl o "siete serpiente". La fiesta que los mexicas dedicaban a Toci o "nuestra abuela" coincidía con el equinoccio de otoño y la época de las cosechas.

 

Sala 4:



"Ahora has de saber, mi niña, que en mi acumulador de amor hay energía suficiente para contar veinticinco dentro de dos años, volver a contar otros veinticinco hasta ajustar cincuenta, sin que deje de parecerme que hace apenas cinco minutos que te encontré y comencé a quererte. Y quisiera vivir más de mil años para seguir adorando cada día más a mi niña Frisita la más linda de este mundo, que vive dentro de mi corazón".

Diego Rivera.


En esta sala, como a lo largo de todo el museo, se encuentran representaciones del dios Xochipilli, la deidad preferida de Diego Rivera. Xochipilli era el dios azteca de las flores, la belleza, el amor, el arte, los juegos –en especial los de la infancia– , y también del canto, la poesía, los bailes y todas las expresiones festivas de la fertilidad humana y la naturaleza. Su nombre significa "príncipe o niño de las flores" y es el símbolo protector del arte y la fertilidad. Sus ceremonias se relacionaban con el cambio de infancia a la madurez y el florecimiento tanto del hombre como de la humanidad.

 

Sala 5:



"No se imagina con qué amor y con qué entusiasmo hizo los planos, trabajando noches enteras después de haber pintado todo el día. Créame que a nadie he visto construir algo con la alegría y el cariño que Diego lo ha hecho, tratándose de lo que más le gusta y más admira."

Frida Kahlo.


Esta esquina representa el segundo punto cardinal, el oeste, y está dedicada a Ehécatl, dios del viento. Se reconoce a esta deidad en códices y esculturas por la máscara de pájaro con pico rojo, las orejeras de concha, el pectoral de caracol marino, la barba y el pelo de color amarillo, el gorro cónico y el ojo de muerto fuera de su órbita..

 

Salas 6 y 7: TEOTIHUACÁN "Lugar de los dioses" (100 a.C. - 700 d.C.)



"Las artes, las humanidades, la filosofía y la teología, la belleza, todas estas cosas existen para ennoblecer el espíritu, para hacer posible que la humanidad descubra su más alta forma de dignidad y la reivindique para sí".

Rob Rien.


Este espacio muestra la belleza de la estética teotihuacana. La hermosa y fina cerámica "anaranjado delgado" era traída del sur de Puebla y se constituyó como la más importante y prestigiosa de Teotihuacán. Este tipo de loza ha sido encontrado prácticamente por toda la ciudad, tanto en el interior de los palacios como en conjuntos habitacionales. Se utilizaba en ceremonias y ofrendas funerarias o en el ámbito doméstico.

 

Sala 8:



"En el piso (primero) se halla la cámara del dios de la lluvia, Tláloc, con adecuada decoración policromada de mosaicos y de él desciende, un tanto absurdamente, una escalera hasta el Cenote Sagrado, imitación de los mayas... las 'aguas sagradas' del templo de Diego se extienden bajo las paredes hasta el exterior del edificio, formando espejos de agua, pequeños remansos de tranquila luz y color, en medio de las austeras, sombrías oleadas de lava petrificada del pedregal."

Bertram D. Wolfe.


 

Sala 9:



"Como usted sabe, después de la pintura, lo que más le interesa en la vida y lo único que en realidad le da alegría y entusiasmo son sus ídolos. Desde hace más de quince años ha gastado la mayor parte de lo que gana con su trabajo incesante en ir formando su colección magnífica de piezas arqueológicas. Creo que en todo México no hay otra mejor dentro de las colecciones particulares, y aún en el mismo Museo Nacional no existen ciertas piezas tan importantes."

Frida Kahlo.


La sofisticación de las técnicas cerámicas teotihuacanas es evidente en las piezas de esta sala, realizadas al fresco y con un sugerente colorido. La ciudad de Teotihuacan se encontraba pintada con la misma técnica. Prueba de ellos son los murales de Tepantitla, de los cuales se exhiben algunos fragmentos. De igual manera se exhiben máscaras funerarias realizadas en piedra verde, jadeíta, marmolita, cuarcita y alabastro. Las figurillas pequeñas muestran ya una producción en serie, realizada en moldes.

 

Sala 10:

En el plafón de esta sala se representa a Nahui Ollin, símbolo del movimiento. La cuarta esquina de esta planta está dedicada al último elemento, Xiuhtecuhtli-Huehueteotl, deidad del fuego o dios viejo.

 

Sala 11:



"La atmósfera de este museo, creado por su genial donador, no tiene igual en el mundo entero. Su alta espiritualidad y su belleza hacen del Anahuacalli un museo inolvidable [...] El esfuerzo personal y el genio artístico del coleccionista y su conmovedora generosidad se reúnen en este museo de manera manumental"

Carlos Pellicer.


Este gran espacio, proyectado por Diego Rivera para su estudio, tiene una orientación ideal para dejar entrar la mayor cantidad de luz. Además, para privilegiar la visita, el edifiio mismo fue intencionalmente construido en lo alto de una colina, fuera de la ciudad, a imitación del Montparnasse parisino que Diego disfrutó tanto mientras vivió en París. Aquí también están presentes los "judas" monumentales que Rivera encargara a la artesana popular Carmen Caballero.

 

Sala 12:



"Ninguna palabra puede describir la inmensa ternura de Diego para las cosas bellas [...] En especial ama a los indios, por su elegancia, su belleza y porque son la flor viva de la tradición cultural de América. [...] Su diversión es trabajar, detesta las reuniones sociales y le encantan las fiestas auténticamente populares. En medio del tormento que son para él el reloj y el calendario, hace todo aquello que considera justo: trabajar y crear."

Frida Kahlo.


En este aspecto se exhiben piezas arqueológicas que representan aspectos de la vida cotidiana de las culturas mexicanas de Occidente. Estas esculturas de cerámica representan un alto grado de estilización y abstracción del aspecto físico del mexicano antiguo. Hombres y mujeres están aquí representados, algunos con el sexo al descubierto, otros con pintura corporal roja, negra y amarilla; otros más con escarificaciones y narigueras, o portando yelmos, todos ellos considerados atributos estéticos para esas culturas.

 

Sala 13:



"La excelencia es tan difícil como rara."

Spinoza.


Las piezas arqueológicas en esta sala son singulares, pues se trata de personajes enfermos, deformes o muertos. Se pueden observar las famosas vasijas antropomorfas, que son jarras, ollas o cajetes que representan partes humanas, principalmente pies. El techo de esta sala permite al pensamiento del México antiguo sobre la dualidad: principio creador y de movimiento, lo masculino y lo femenino, lo diurno y lo nocturno, lo dinámico y lo estático. Para las culturas prehispánicas la dualidad representaba la fuerza que equilibraba el universo. Por ello, en el plafón del techo, se muestran dos serpientes encontradas; al centro, el día y la noche contrastan en un eclipse.

 

Sala 14:



"Comprendí que allí se conservaba la amada colección de piezas de arte indio mexicano antiguo, tenida por una de las más raras y sin duda de valor incaudable, que Diego ha acumulado durante luengos y perseverantes años."

Betty Ross.


Las máscaras fueron muy apreciadas por las clases dirigentes en distintas regiones, como Teotihuacán y Tenochtitlán. Su presencia se asocia a entierros humanos y ofrendas. La elaboración de estas piezas en piedra pulida muestra el alto desarrollo tecnológico, además del control y manejo de este material, que caracterizaron a la cultura mexica.

 

Sala 15:



"El universo precolombino le permitió [a Diego] romper las barreras del tiempo y el espacio para centrar su mirada en la expresión profunda y directa de un arte puro."

Susana Aviña Herrera.


También dedicada a la cultura de Occidente, esta sala exhibe esculturas que representan, con gran detalle, escenas grupales y costumbres de esa época. Entre las piezas más importantes están las llamadas maquetas, que datan del periodo Clásico fase Ixtlán Temprano (200-600 d.C.) en el estado de Nayarit. Se piensa provienen de la región de Ixtlán del Río, Mexpan y San Pedro Lagunillas.

 

Sala 16:



"No sé pa' qué diablos Diego junta esos monos sentados, parados, acostados o jugando. Miren cómo tiene los muebles: Me lleva a Teotihuacán, camina y camina con los ojos puestos en el suelo, bajo el sol y la lluvia, buscando cabecitas y pedazos de ollas, los recoge como si fueran tesoros, los ve, los huele y hasta los prueba."

Guadalupe Marín, segunda esposa de Diego Rivera.


Las figuras zoomorfas representan xoloitzcuintles, perro mesoamericano que solía acompañar a sus dueños en la vida cotidiana y en el viaje al inframundo. En esta sala se personifican mujeres embarazadas, lo que indica una marcada importancia de la fertilidad y de la familia. Las figuras humanas aplanadas son originarias de Jalisco y Nayarit.

 

Sala 17:



"En la década de los veinte la situación económica de Rivera se mostraba muy difícil; refiriéndose a esa época, él lamentaba profundamente cómo la falta de dinero lo obligó a dejar ir, en varias ocasiones, piezas valiosas que fueron a caer en manos de extranjeros, para integrar colecciones particulares o para enriquecer otros museos."

Susana Aviña Herrera.


Esta sala exhibe guerreros en pequeña escala, ataviados con indumentaria bélica y portando macanas, escudos, yelmos o cascos. Basándose en estos atributos, es posible recrear las atividades de los pueblos de Occidente: guerreros y comerciantes. Muestra de ello son las figuras que portan un mecapalli –cinta o banda de fibras de maguey o tela muy resistente colocada al rededor de la frente para poder trasladar pesadas cargas. Tal es el caso del personaje que carga sobre sus espaldas algo semejante a una piña de maguey, utilizada para elaborar un aguardiente característico de esra región. Estos cargadores, conocidos como tamemes formaban parte de una clase social. Los guerreros, personajes que portan escudos y cascos, representaban otra estratificación que ilustra la complejidad social desarrollada por estos grupos.

 

Sala 18:



"El artista concibió el Anahuacalli como una metáfora plástica de la dualidad presente en la cosmovisión prehispánica, y también como un símbolo de la reconciliación del hombre y la sociedad."

Carlos Pellicer.


En este espacio se encuentra la figura de unos siameses, símbolo tato de dualidad como testimonio de las deformidades que se conocían en la época. También destacan las figuras con escarificaciones –cicatrices– que, junto con la mutilación dentaria y la deformación craneal, constituían decoraciones estéticas. La escarificación es una característica exclusiva de las figuras humanas de Occidente. Se cree que pudo haber funcionado como parte de los conocidos rituales de paso, en donde se pasa de la niñez a la etapa adulta.

 

Sala 19:



"El pintor empleó gran parte de las ganancias obtenidas durante su vida para edificar el Anahuacalli, proyecto que dirigió y concibió en su totalidad, pero no conoció terminado. En agosto de 1955 designó un comité para 'el Museo de San Pablo Tepetlapa', en el cual nombró una comisión de arquitectos para completar la edificación: Ruth Rivera, Pedro Alvarado, Juan O'Gorman y Heriberto Pagelson."

Susana Aviña Herrera..


En esta sala se exhiben piezas arqueológicas de la cultura de Chupícuaro, Guanajuato, que se remonta al periodo Preclásico Tardío (400 a.C) y su decadencia es calculada al rededor del año 100 d.C.

 

Sala 20: Culturas de la Costa del Golfo, el Totonacapan.

El Golfo de México fue escenario del asentamiento de importantes culturas mesoamericanas, como la olmeca en el periodo Preclásico (1400 a.C), las del centro de Veracruz en el Clásico (200 d.C.–900 d.C) y la huasteca y totonaca en el Posclásico (900 d.C – 1521 d.C). Se ha pensado que los totonacos eran originarios de las tierras altas del Altiplano Cental, desde donde se dispersaron hacia lo largo de la costa del Golfo. A su llegada y desde el periodo Clásico, la región se encontraba ya ocupada por diversos grupos que habían desarrollado una fuerte tradición cultural en sitios como El Tajín, Yohualichan, Xiuhtetelco, Cotaxtla y Cerro Montos. No obstante, los totonacos lograron incorporarse a las costumbres de los pobladores originales, dando lugar a la región conocida como Totonacapan.

 

Sala 21: El arte mixteco-zapoteco.

Durante el Posclásico y en toda Mesoamérica, el arte mixteco fue objeto de gran interés debido a la calidad de su trabajo. Destacaron los textiles de algodón coloreados con escarlata de cochinilla grana, los ornamentos de oro y plata, la cerámica policroma y pulida, las figurillas esculpidas en jadeíta, los adornos y artefactos de cobre, las tallas finas, los relieves en hueso o concha y los mosaicos de malaquita. Afortunadamente se han podido preservar magníficos ejemplares de códices prehispánicos que documentan antiguas genealogías y deidades, y que refieren algunos aspectos de esta cultura, como el Nuttall, Bodley, Selden I y II, Colombino, Becker I y II y Vindobonensis.

 

Sala 22 y 23: La cultura mexica en el Posclásico (1200 d.C–1521 d.C).



"[...] algunas colecciones célebres se han formado atendiendo a los conocimientos y refinado gusto de grandes artistas, patrocinados por reyes y emperadores, otras, en nuestros tiempos, se han hecho merced a la cooperación de críticos de arte famosos. En el caso de las colecciones de Diego Rivera no ocurre."

Susana Aviña Herrera..


En esta sala se exhiben piezas arqueológicas de la cultura de Chupícuaro, Guanajuato, que se remonta al periodo Preclásico Tardío (400 a.C) y su decadencia es calculada al rededor del año 100 d.C.

 

Sala 22 y 23:

Dedicadas a la cultura azteca. Aquí se puede apreciar el arte del tallado en piedra y la cerámica, así como la representación de diferentes dioses, entre ellos, Tláloc y la diosa Cihuateteo.

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