MOSAICOS

Diego Rivera diseñó una serie de 23 mosaicos que recubren los techos del Anahuacalli. Junto con su amigo, el arquitecto Juan O’Gorman, el pintor concibió una técnica propia para realizarlos. Consistía en colocar directamente sobre la cimbra de madera unos cartones con los bocetos dibujados. Sobre estos cartones y con una emulsión de cola se adherían los pedazos de piedra, siguiendo la imagen que el pintor había creado. Después, se completaba con la piedra de mortero para fijarla. Cuando todo esto secaba, se retiraba la cimbra y el cartón y se corregía la imagen.

Los mosaicos del Anahuacalli retratan la cosmovisión prehispánica y sus dualidades, en un trayecto que va de la oscuridad a la luz. Así, los de la planta baja del edificio están realizados en blanco y negro, mientras que los de las plantas superiores se componen de piedras de distintos colores traídas de Taxco. Estos últimos plafones fueron terminados por amigos y familiares de Diego Rivera.

Los diseños en los techos se pueden leer como un códice; en ellos se encuentra plasmada la cosmogonía que Diego Rivera quiso exponer en su templo-museo, en diálogo con el visitante y con el arte de su tiempo. Destacan elementos como la serpiente Quetzalcóatl, el jaguar y la rana, inspirados en las antiguas figuras de los documentos prehispánicos, pero a la vez actualizados según la visión del pintor.

Como parte de su concepción del Anahuacalli como un templo de carácter estético y ontológico, Diego Rivera diseñó una serie de 23 mosaicos que recubren los techos del Museo. El pintor, junto con Juan O´Gorman, concibió una técnica propia para realizarlos, que consistió en colocar directamente sobre la cimbra de madera unos cartones a donde se habían trasladado sus bocetos. Sobre estos cartones se adhería, merced a una emulsión de cola, la pedacería de piedra siguiendo la imagen que el pintor había creado. Después se completaba con la piedra de mortero para fijarla. Cuando todo esto secaba perfectamente, se retiraban la cimbra y el cartón y se corregía la imagen. Esta técnica no evitó que se desdibujara la imagen en algunos puntos, especialmente en los mosaicos en blanco y negro que se encuentran en la planta baja. Y es que los mosaicos del Anahuacalli siguen la cosmogonía prehispánica y sus dualidades, de manera que partimos de la oscuridad a la luz. Por ello, los de la parte inferior, que describen a la Coatlicue, Tláloc, Ehécatl, Quetzalcóatl, entre otros motivos, están realizados en blanco y negro. Los de las plantas superiores van incluyendo pedacería de piedras de distintos colores traída de Taxco y no fueron construidos por Rivera.

Los mosaicos del Anahuacalli se pueden leer como un códice en diversos sentidos. En ellos se encuentra plasmada la cosmogonía que Diego Rivera quiso exponer en su templo-museo, en un diálogo con el visitante y con el arte de su tiempo. En ellos vemos elementos que se van repitiendo, como la serpiente Quetzalcóatl que representa la continuidad, el jaguar, la rana. Si bien se inspiran en las antiguas figuras de los códices, se trata de elementos gráficos reinterpretados, se podría decir que actualizados según la concepción del pintor.