Diego Rivera

Frases

Anahuacalli era el templo donde la humanidad se reunía alrededor de los cuatro elementos naturales: agua, fuego, viento y tierra.

Susana Aviña Herrera

Diego Rivera estudió empeñosamente la arqueología mexicana y llegó a ser un gran coleccionista de piezas prehispánicas, dueño del conjunto más rico que se haya reunido en manos de particulares.

Uno de sus sueños más generosos fue el de reincorporar el pasado prehispánico y las raíces indígenas a nuestro presente mestizo, del que él se consideraba ejemplo vivo; el pasado espiritual de nuestros antecesores, que no sólo trata de estudiar sino sobre todo de absorber, o de ser posible, de continuar.

Ing. Marte R. Gómez.

La escultura mexicana antigua es la manifestación más significativa del arte de los pueblos primitivos de México.

Su atrevimiento y su vigor plástico, producto de un sentimiento original y consciente de las formas, la coloca al lado de los tesoros escultóricos que nos han dejado China, Egipto y la Grecia arcaica.

Antonio Castro Leal

Diego no es ni derrotista ni triste. Es fundamentalmente investigador, constructor, y sobre todo arquitecto.

Es arquitecto en su pintura, en su proceso de pensar y en el deseo apasionado de estructurar una sociedad armónica, funcional y sólida.

Frida Kahlo

Creo que además de solucionar el problema personal de Diego, dejándolo vivir cerca de sus ídolos, sería interesante para el país que se creara un museo semejante, que sería orgullo en el presente de su vieja civilización y una oportunidad para que no quedara desorganizada una colección tan importante.

Además, eso sería, en mi opinión, el mayor premio que podría tener el inmenso esfuerzo de Diego, tanto por el cariño con que ha formado su colección como por todo lo que como pintor y como hombre ha dado a México.

Frida Kahlo

La indudable monumentalidad del Anahuacalli, su sistema constructivo, su temeridad estética —que podemos equiparar, con sus debidas distancias, con la de Gaudí— y otras atribuciones que hacen de él una obra única, nos pueden hacer pensar que estamos frente a un edificio sin más familia que la prehispánica.

No es tan difícil que se pudiera calificar como un prurito del autor que, al ser financiado por él, hizo lo que nadie más haría.

Rafael López Rangel

Las artes, las humanidades, la filosofía y la teología, la belleza, todas estas cosas existen para ennoblecer el espíritu, para hacer posible que la humanidad descubra su más alta forma de dignidad y la reivindique para sí.

Rob Rien

Ahora has de saber, mi niña, que en mi acumulador de amor hay energía suficiente para contar veinticinco dentro de dos años, volver a contar otros veinticinco hasta ajustar cincuenta, sin que deje de parecerme que hace apenas cinco minutos que te encontré y comencé a quererte.

Y quisiera vivir más de mil años para seguir adorando cada día más a mi niña Frisita, la más linda de este mundo, que vive dentro de mi corazón.

Diego Rivera

No se imagina con qué amor y con qué entusiasmo hizo los planos, trabajando noches enteras después de haber pintado todo el día.

Créame que a nadie he visto construir algo con la alegría y el cariño con que Diego lo ha hecho, tratándose de lo que más le gusta y más admira.

Frida Kahlo

En el piso (primero) se halla la cámara del dios de la lluvia, Tláloc, con adecuada decoración policromada de mosaicos y de él desciende, un tanto absurdamente, una escalera hasta el Cenote Sagrado, imitación de los mayas…

Las aguas sagradas del templo de Diego se extienden bajo las paredes hasta el exterior del edificio, formando espejos de agua, pequeños remansos de tranquila luz y color, en medio de las austeras, sombrías oleadas de lava petrificada del pedregal.

Bertram. D. Wolfe

Para entender cómo se desarrolló la pasión riveriana por el coleccionismo hay que observar la siguiente situación: durante el periodo en el que el pintor reunió su excepcional conjunto arqueológico, que va de 1894 a 1957 —año este último en el que falleció—, no existía como ahora una reglamentación que legislara el acopio de obras precolombinas para preservar los ámbitos y las piezas en su lugar de origen. Así pues, la colección de Diego debe ser contextualizada en su marco histórico: se trata de obras que él literalmente salvó de caer en manos extranjeras.

En dicho periodo la compraventa de arte prehispánico era una práctica abierta y las piezas se podían adquirir en infinidad de sitios, incluyendo los baratillos que se encontraban dispersos por la ciudad.

Entre éstos existía uno que continúa siendo casi mítico: el mercado de El Volador, el lugar favorito de Diego.

Juan Rafael Rivera Coronel

La atmósfera de este museo, creado por su genial donador, no tiene igual en el mundo entero. Su alta espiritualidad y su belleza hacen del Anahuacalli un museo inolvidable […] El esfuerzo personal y el genio artístico del coleccionista y su conmovedora generosidad se reúnen en este museo de manera monumental.

Carlos Pellicer

La excelencia es tan difícil como rara.

Spinoza

Ninguna palabra puede describir la inmensa ternura de Diego para las cosas bellas.

En especial ama a los indios, por su elegancia, su belleza y porque son la flor viva de la tradición cultural de América.

Su diversión es trabajar; detesta las reuniones sociales y le encantan las fiestas auténticamente populares.

En medio del tormento que son para él el reloj y el calendario, hace todo aquello que considera justo: trabajar y crear.

Frida Kahlo

No sé pa’ qué diablos Diego junta esos monos sentados, parados, acostados o jugando. Miren cómo tiene los muebles: no hay lugar en toda la casa que no esté lleno de estos tepalcates.

Me lleva a Teotihuacán, camina y camina con los ojos puestos en el suelo, bajo el sol y la lluvia, buscando cabecitas y pedazos de ollas, los recoge como si fueran tesoros, los ve, los huele y hasta los prueba.

Guadalupe Marín

En la década de los veinte la situación económica de Rivera se mostraba muy difícil; refiriéndose a esa época, él lamentaba profundamente cómo la falta de dinero lo obligó a dejar ir, en varias ocasiones, piezas valiosas que fueron a caer en manos de extranjeros, para integrar colecciones particulares o para enriquecer otros museos.

Susana Aviña Herrera

El artista concibió el Anahuacalli como una metáfora plástica de la dualidad presente en la cosmovisión prehispánica, y también como un símbolo de la reconciliación del hombre y la sociedad.

Carlos Pellicer

El pintor empleó gran parte de las ganancias obtenidas durante su vida para edificar el Anahuacalli, proyecto que dirigió y concibió en su totalidad, pero no conoció terminado.

En agosto de 1955 designó un comité para ‘el Museo de San Pablo Tepetlapa’, en el cual en el cual nombró una comisión de arquitectos para completar la edificación: Ruth Rivera, Pedro Alvarado, Juan O’Gorman y Heriberto Pagelson.

Susana Aviña Herrera

Su idea siempre fue la de construirla una “casa para los ídolos”, y hasta hace un año encontró el lugar que realmente merecía esa casa de los ídolos en el Pedregal de Coyoacán, en un pueblito que se llama San Pablo Tepetlapa.

Comenzó a construirla con la misma piedra del pedregal, ahorrando así una enorme cantidad de material; hizo él mismo los planos con un amor que es difícil que yo le describa, trabajando noches enteras después de llegar cansado de pintar el día entero.

Créame que a nadie he visto tener tanta alegría y tanto entusiasmo para construir algo.

Frida Kahlo

Comprendí que allí se conservaba la amada colección de piezas de arte indio mexicano antiguo, tenida por una de las más raras y sin duda de valor incalculable, que Diego ha acumulado durante luengos y perseverantes años.

Frida Kahlo

La historia de México no es menos intrincada que su geografía. Dos civilizaciones han vivido y combatido no sólo en su territorio sino en el alma de cada mexicano: una oriunda de estas tierras y otra venida de fuera pero que ha enraizado tan profundamente que se confunde con nuestro ser mismo.

Octavio Paz

Algunas colecciones célebres se han formado atendiendo a los conocimientos y refinado gusto de grandes artistas, patrocinados por reyes y emperadores; otras, en nuestros tiempos, se han hecho merced a la cooperación de críticos de arte famosos. En el caso de las colecciones de Diego Rivera no ocurre así: él personalmente eligió, con su penetración y sensibilidad extraordinarias, pero no menos con su conocimiento admirable, cada una de las esculturas.

Dolores Olmedo

[Diego] consideraba que un arquitecto es el obrero principal, aquel que sabe bien que la verdadera civilización es la armonía de los hombres con la tierra y de los hombres entre sí.

Susana Aviña Herrera